Crónica de la visita cultural de la ASF a la Iglesia de Santo Domingo y al Camarín de la Virgen del Rosario
El pasado viernes 17 de abril, por la tarde, la ASF disfrutó de una extraordinaria visita cultural a uno de los rincones más sorprendentes y menos conocidos de Granada: la Iglesia de Santo Domingo del Realejo y el majestuoso Camarín de la Virgen del Rosario, dos auténticas joyas del patrimonio granadino que, pese a su inmenso valor artístico e histórico, permanecen aún alejadas de los granadinos.
La jornada resultó especialmente enriquecedora gracias a la presencia de nuestro querido y magnífico guía, José Antonio Palma, hermano voluntario de la Archidiócesis y de la Cofradía de la Virgen del Rosario, quien nos condujo por este fascinante recorrido con admirable claridad, gran profesionalidad y un entusiasmo contagioso. Sus explicaciones, llenas de rigor histórico, sensibilidad artística y curiosidades sorprendentes, permitieron comprender en profundidad la grandeza de este conjunto monumental.
Ubicada en la emblemática plaza de Santo Domingo, en pleno corazón del barrio del Realejo, la iglesia comenzó a construirse en 1512, levantándose sobre antiguas huertas pertenecientes en época nazarí a la reina Aixa, madre de Boabdil. Tras la conquista de Granada, estos terrenos fueron cedidos por los Reyes Católicos a la Orden de Predicadores Dominicos para fundar el Convento de Santa Cruz la Real.
El templo refleja perfectamente el paso del tiempo y la evolución de los estilos artísticos, ya que en él conviven armoniosamente elementos góticos, renacentistas y barrocos.
La fachada principal, sobria y elegante, se abre a una amplia plaza, presidida por la estatua de Fray Luis de Granada. La portada se presenta en un atrio con tres arcos de medio punto, sostenidos por columnas dóricas, de fustes acanalados. En las enjutas se sitúan las iniciales de los Reyes Católicos, así como los escudos del emperador Carlos V.
En la parte más elevada de este pórtico antepuesto se encuentran cuatro gárgolas. Tras los arcos se sitúa la puerta de acceso al templo, cuyo entorno está decorado con pinturas murales, realizadas por Maldonado. Estos murales a modo de trampantojo, representan una arquitectura figurada, con hornacinas en las que se disponen las imágenes de la Virgen del Rosario, Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo de Guzmán y los Reyes Católicos.
En la parte superior de la portada se abre un conjunto, formado por una ventana geminada, de estilo plateresco, de dos arcos separados por una columna, inscritas a su vez, en un arco de medio punto, ampliamente moldurado y con cornisa.
Leones y perros sosteniendo el escudo dominico coronan el espacio.
A la derecha de la portada se alza una espadaña con hueco para dos campanas, símbolo de la orden mendicante.
Al acceder al interior, la primera impresión es de equilibrio y sobriedad. Sin embargo, conforme se avanza, el barroco comienza a desplegar toda su fuerza expresiva. Especial admiración despertó entre los asistentes el impresionante retablo repleto de angelitos tallados, cada uno diferente, del que algunos estudiosos calculan que alberga más de quinientas figuras. Una verdadera obra maestra que anticipa la maravilla que aguardaba a continuación.
También despertó gran interés la Capilla de la Virgen de la Esperanza, donde se conserva una bellísima talla de alabastro del siglo XV, rodeada de una hermosa tradición popular que incrementa aún más el encanto del templo.
Salimos del templo y nos dirigimos por el conocido Cobertizo de Santo Domingo donde se encuentra el Camarín de la Virgen del Rosario, una de las obras cumbre del barroco español y, sin duda, uno de los espacios más deslumbrantes de Granada
Algunos lo han denominado con justicia “la Capilla Sixtina del barroco español”.
Construido en el siglo XVIII como estancia independiente destinada a acoger la imagen de la Virgen, el camarín constituye un prodigio donde se funden arquitectura, escultura y pintura en una atmósfera única. Mármoles policromados formando mosaicos simbólicos, bóvedas recubiertas de espejos y bolas de cristal, cúpulas luminosas y pinturas murales de autores como Chavarito, Tomás Ferrer o Tomás de Medialdea convierten cada rincón en una explosión de belleza.
José Antonio Palma, nos explicó con detalle la simbología del conjunto, donde aparecen alegorías sobre la lucha entre la Gracia y el Pecado, la victoria espiritual y referencias a la Batalla de Lepanto, tan vinculada al rezo del Rosario. También nos habló de los relieves escultóricos y de la extraordinaria imagen de la Virgen del Rosario, talla del siglo XVI, revestida con ricas piezas de plata y piedras preciosas.
La visita permitió además conocer la profunda huella de la Orden Dominicana —y posteriormente de otras órdenes vinculadas al entorno religioso granadino— en la conservación, promoción y vida espiritual de este lugar singular.
No tiene absolutamente nada que envidiar la Iglesia de Santo Domingo a otros grandes monumentos granadinos como la Catedral, la Basílica de San Juan de Dios, la Cartuja o San Jerónimo. Quizá la diferencia sea que continúa siendo menos conocida y frecuentada, algo que muchos vecinos del Realejo contemplan con satisfacción, prefiriendo que su tesoro siga guardando cierto aire de secreto.
En definitiva, fue una tarde magnífica, llena de aprendizaje, arte, historia y convivencia, que todos los socios asistentes disfrutamos enormemente. Una visita de esas que dejan huella y que nos recuerdan cuánto patrimonio excepcional alberga Granada, incluso en los rincones que pasan más desapercibidos.
Como vocal de cultura quiero expresar mi agradecimiento a José Antonio Palma por su generosidad, sabiduría y cercanía.
También quiero agradecer y felicitar a la Junta directiva, con su presidente a la cabeza, por darme la confianza y el apoyo necesario, para hacer posible esta magnífica iniciativa cultural.
Gracias a todos, ......sin duda, una tarde que mereció verdaderamente la pena.....
Juan Manuel
Vocal de Cultura de la ASF